Crimen Perfecto
Para cometer el acto fatal solo tuvo que inyectar un veneno invisible. Desde niño, a diario, trataba de sumirlo en la confusión más profunda: Robó su ilusión, su esperanza, y lo manipuló mediante la adulación para aumentar su narcisismo sin límites. Después le arrebató los libros, los atardeceres, el arte y la capacidad de pensar; hasta que al fin, quedó desnudo, frente a ese moderno espejo imaginario que reflejaba los más bajos instintos de su naturaleza. Al tenerlo allí delante, sentado e inmóvil, se propuso acabar finalmente con su vida, no sin antes escuchar las últimas palabras de su víctima: "Me envenenaste lentamente desde que era joven, con el único propósito de convertirme en un ignorante; parecería el crimen perfecto, pero tal nombre solo lo merece el que estoy a punto de cometer justo ahora". Apretó el botón del mando a distancia y jamás lo volvió a conectar. RAFAEL BADILLO FUENTES https://www.diariosur.es/culturas/microrrelatos-premio-pablo-aranda-cuarta-entrega-2...