La venganza del Tiempo
Eran días extraños y el vacío existencial me provocaba pequeños lapsos de somnolencia. Después de resolver el crucigrama traté de pensar en algo placentero, apenas interrumpido por el sórdido y molesto vuelo de un incansable mosquito. Fue cuando escuché un ruido compacto a pocos metros de mi habitación. Me asomé a la ventana y quedé estupefacto al comprobar que, allí, en el suelo del patio, yacía un tipo muerto, medio congelado y con uniforme; rondaría los sesenta y tenía una sospechosa cicatriz sobre el labio superior. Del bolsillo asomaba un viejo ejemplar deteriorado de Crimen y Castigo. Al día siguiente, los periódicos amanecieron con el siguiente titular: "Aparece el cadáver de Hitler después de setenta años en paradero desconocido". Cuando lo comenté ayer con mis compañeros del sanatorio nadie me creyó, pero aún conservo en mi bolsillo la cuchilla que cambiaría el destino de Europa. Tengo que irme, la nave hacia 1945 vuelve a despegar.