Pasión de los débiles


El viajero se quedó pensativo al observar el sobre con detenimiento. Recordaba como en otro tiempo le había resultado grato abrirlo y desvelar qué misiva encontraría; quizás la del primer amor o la del reclutamiento, puede que la del secreto que guarda un tesoro o quien sabe si la fórmula para averiguar el verdadero peso del alma. 

Allí, entre lágrimas, se enfrentaba al destino de su propia existencia finita y de valor incalculable, hasta que sintió en su espalda un cosquilleo que lo sacó de su ensimismamiento, presintiendo que estaba sufriendo la pasión de los débiles. Solo escuchó un clic y poco más; pareció desvanecerse, pero ya le daba igual. Se encontraba en Orión, a solo dos mil años luz de Tannhauser.

Hasta entonces la vida solo le ofreció la oportunidad de convertirse en cualquiera porque siempre creyó que no era nadie.

RAFAEL BADILLO FUENTES

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