STONER - John E. Williams
Excelente novela, muy desconocida para el gran público durante años y que el boca-oreja irá progresivamente dejando en el lugar que, a mi parecer, se merece.
La aparente indiferencia de William Stoner, predestinado a ser agricultor y reconvertido en profesor de literatura en Columbia, recuerda a veces, sobre todo al inicio, al personaje de El Extranjero de Camus.
Desde el comienzo, la narración te va atrapando sin posibilidad de retroceder y sin saber por qué, uno sigue leyendo aunque pareciera que no hay conflicto a resolver. No obstante nos iremos adentrando en pasajes de gran belleza literaria, reflexiva y filosófica que nos cuenta, como pocas veces, la vida y su devenir constante aunque a uno le pueda parecer que nunca pasa nada.
Nos encontramos ante un ejercicio de gran estilo: A ratos se convierte en un relato biográfico y otras veces en una novela de investigación o debate e incluso en un falso ensayo, pero en definitiva, estamos ante una novela de corte existencialista y metafísica donde lo importante, se desprende, es la necesidad de buscar el sentido de la vida, y cómo para ello, cobran vital importancia otros temas transversales como la percepción sobre el éxito o el fracaso, la necesidad o no de tener proyectos y los sucesos más cotidianos de la propia supervivencia. Una pequeña joya que debería leer todo aquel que ame la literatura per se, y que destila sensibilidad y honestidad narrativa por su propia sencillez y estilo inconfundibles, que nos muestra el anti-sueño americano, fuera de estereotipos neoliberales y que invita a una reflexión profunda sobre lo que hacemos en la vida.
Con la muerte siempre presente, como telón de fondo y como límite inevitable al que nos enfrentamos, tan filosófico como humano, se va configurando la idea que subyace en este gran relato. A pesar de la personalidad y vivencias de W. Stoner, el mensaje - puede que inconsciente- no es otro que el célebre "carpe diem" del poeta latino Horacio; de otro modo, para lo contrario, el simple dejarse llevar sin apenas ambición o aparente motivación, ya está el propio Stoner, que destaca, pese a su falsa indiferencia entre el retrato de personajes carismáticos, y rasgos muy marcados, pareciendo realmente gente de los ambientes universitarios e intelectuales de la época que se nos pretende relatar.
Creo que el secreto de esta obra reside en la capacidad del autor para resumir y sintetizar una vida, llevándonos en volandas por la historia, haciéndola interesante a pesar de no contar grandes cosas, a saber, la vida misma cuando pasa por delante de tus narices continuamente pero no sabes qué hacer con ella porque aún no has comprendido el significado de lo efímero o el secreto de los pliegues más sutiles del tiempo.
Podríamos hablar de pasajes destacables, como el relativo al díscolo alumno y el debate del profesorado acerca de su competencia, o de personajes como Edith que podrían entrar en cualquier olimpo literario de antagonistas; o el peculiar Lomax que aprovecha el carisma de su abrupto e irregular físico para barajarse un prestigio impostado y artificial que de algún modo a todos nos resulta familiar; porque sin duda, Stoner, pese a su rol de profesor, no deja de ser víctima de los propios entresijos ocultos de la vida sobrevenida y a veces traicionera, esquiva o injusta.
Aunque no nos engañemos, este libro entre otras cosas, también va sobre lo difícil que es salir del entorno social o estatus que de forma predestinada nos ha tocado y de cómo la vida, sin tregua y con vehemencia, nos va poniendo zancadillas paulatinamente, para avisarnos e insistirnos en que ese camino, no el convencional sino el que finalmente elegimos, parece ser equivocado porque una y otra vez nos va a poner a prueba para que anhelásemos quizá esa otra alternativa que descartamos, avisándonos de cual debería haber sido nuestro lugar en el mundo. Una y otra vez, la literatura encarnada en la figura de William Stoner nos insiste en el peso que tienen nuestras decisiones en la vida.
A su modo, también está presente el paso del pájaro de la amistad que sobrevuela conversaciones y situaciones, recordando palabras, promesas o vaticinios; afirmaciones que alguna vez se hicieron, o el amor por el conocimiento y a los grandes artistas que nos precedieron; amor a esa difusa entidad que sin duda conforma nuestro imaginario, junto al grueso de conocimientos, tradición y espíritu que heredamos del pasado. Con todo ello, el hombre, la humanidad, Stoner, encarnación así mismo del desorientado hombre moderno, en definitiva, como un superviviente, construye un mundo con los restos de ese naufragio que navegan a la deriva, hasta desembocar en esta humanidad moderna que apenas somos capaces de manejar, para darnos cuenta de que al final -ese conocimiento, ese aprendizaje- nos sirve de bien poco; pues al final, decimos, lo que da sentido a nuestra miserable vida no son más que los instantes fugaces de belleza que podemos experimentar cuando nos encontramos desprevenidos, sin habernos percatado siquiera de cómo sobrevienen. Porque sea como fuere, lo queramos o no, al final, como decía el mítico personaje de Roy Blaty de Blade Runner, ya saben, los momentos de cualquier vida, importante o miserable, acaban diluyéndose en el horizonte infinito de la eternidad.
Y allí, en el fondo, se encuentra surcando transversalmente la vida de Stoner, el amor por su hija, por su trabajo, por Katherine, por la belleza y por la honestidad, mediante un relato esperanzado y desgarrador que no queremos que acabe nunca.
El último capítulo, a tumba abierta, es de una incomparable y estoica belleza, quizás sacado del lugar de donde brotan las hazañas más sinceras; resulta, en definitiva, de una sencillez y coherencia simplemente sublimes. La naturalidad al servicio de un relato vital tan estimable como necesario.
Solo leyendo esta novela nos daremos cuenta de que el reino de Stoner no es de este mundo, porque lo perseguirá toda la vida su falta de malicia y su propia honestidad como profesor y persona. Nos encontramos ante una joya escondida, una pequeña obra maestra, cercana a la excelencia, que sin grandes pretensiones nos deja huella, provocando que el lector, quiera seguir siempre leyendo, pues Stoner, como la buena literatura te dejan con ganas de saber más. Una oda a la vida.
RAFAEL BADILLO FUENTES

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