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Mostrando entradas de marzo, 2019

Otros mundos

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Soñaba con ser aprendiz de sabio, héroe de una gran hazaña o alquimista de palabras. También contemplaba la idea de tener siempre la ilusión del ingenuo y la virtud del justo, pero no ser nunca la flor de un día. Así fue como el alma de un hombre noble descubrió en poco tiempo cómo podía hacerse invisible en los mundos que no existen. RAFAEL BADILLO FUENTES

Azar o destino

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Tres años antes se habían conocido en un vagón del Ave. Él frente a su portátil. Ella escuchando música. Un boli que cae al suelo, una mirada furtiva y dos horas y media que dieron para demasiado. Entre confidencias, él le contó su vida difícil, siempre avanzando a trompicones, y ella que, su anhelo más natural jamás llegaría a cumplirse. Desde entonces no tuvieron noticias; perdieron sus respectivos teléfonos hasta que las redes sociales intervinieron. Ahora, taciturno, durante una tarde lluviosa, él esperaba, una vez más en su vida, una respuesta: el  vacío o la plenitud; todo o nada, el abismo o un milagro. Al momento, sonó un mensaje en su móvil. Era la foto de una niña de apenas dos años acompañada del siguiente texto: “A veces, lo posible es solo el resultado de una probabilidad matemática que solo se cumple al percibir que te aman”. RAFAEL BADILLO FUENTES

Lo que no tiene nombre

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Yo que tanto fui, ahora no soy nada, pues el poeta que me engendró está a punto de perecer para siempre. Trataré de hacerme visible mediante el simple acto de la generación espontánea, en ese lugar profundo del corazón donde habita la ilusión del miserable, ya que debo habitar con urgencia otro lugar, para evitar la desaparición del elemento que nos hace verdaderamente humanos. RAFAEL BADILLO FUENTES

Universo

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Un verso se descuelga de un libro que alguien está leyendo en el metro. En ese instante, el lector siente un cosquilleo que le provoca la risa. Sin embargo, el poema, prosigue su camino hacia el destino de su intuición, y se cuela entre los desvencijados mecanismos de un reloj que un anciano conserva desde su infancia. El reloj, cansado y vencido, nota como su engranaje vuelve a recobrar el vigor de antaño. La poesía continúa su viaje, inyectando sobre la herida de un niño que corretea entre la gente, una dosis de plaquetas cicatrizantes. Éste, sorprendido por la reacción que algo extraño ha provocado en su herida, corre hacia su casa para contárselo a sus padres. Pero aún con tareas pendientes, el verso se dirige imperecedero hacia un hueco donde duerme un vagabundo todas las noches. El indigente no está, pero en su lugar encuentra una cama hecha de cartones en las que identifica impresas unas palabras que están contenidas en él mismo y cuyo material le recuerdan a la familia de s...

El estirón

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En los ochenta, con quince años, noté algo por primera vez. Después de pasar un rato estudiando con mi amigo Alberto, mientras algunos visitaban la tienda de guitarras o compraban el último disco de Nirvana, yo me conformaba con gastar mi tiempo libre pensando en amores imposibles y grabando cintas tdk, pillando al vuelo las canciones de la radio con un aparato Sanyo de un sólo altavoz. Ingenuamente visualizaba un futuro de disc jockey de radio o discoteca. Pensando en qué sería de mayor, decidí bajar al centro. Tras pasar la tarde en la sala de juegos Letram, frente a la pantalla del Galivan, caí enfermo con fiebre. Durante aquella semana, mientras yo pasaba una gripe, nadie preguntaba por mí. Simplemente el mundo no sabía aún que yo existía. Imaginaba como sería ser adulto, mientras mi madre le soltaba el dobladillo a los pantalones. RAFAEL BADILLO FUENTES

Halley

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Tras jugar todo el día, el niño vio a Halley, contuvo la respiración y pidió un deseo. Luego soñó que pasaba el resto de su vida buscando una felicidad que se hacía inalcanzable. Un instante después, se despertó, cogió su bastón y subió con torpeza hacia la azotea para volver a mirar al cielo con asombro. Esta vez lo maldijo por no haber concedido su plegaria. Habían pasado setenta y seis años; entonces supo con certeza que la felicidad es sólo un instante fugaz que irrumpe cuando no la invocamos y que un deseo es sólo un sueño que respira cuando no dormimos. RAFAEL BADILLO FUENTES